Fuego, Aire, Agua y Tierra.
Cuatro elementos. Cuatro maneras de reconocernos.

Tierra
IkaTUna es raíz.
La otra es hogar.
Todos tenemos una tierra que nos vio nacer, que nos vio crecer y a la que siempre queremos volver.
Pero también es tierra aquella que no sabe de dónde venimos y en la que decidimos quedarnos.
Porque hay tierras que se pisan y otras que se llevan dentro.

Aire
WingsOcupar nuestro lugar.
Todos nacemos con alas. Lo difícil es reconocer aquello que nos impulsa y aquello que todavía nos mantiene en tierra.
Hay etapas en las que el miedo decide por nosotros: callamos algo que pensamos, aplazamos un comienzo, nos acostumbramos a una vida que sentimos pequeña.
Wings habla del instante en que empezamos a vivir con más verdad. A veces, despegar es una decisión enorme. Otras, un primer paso que solo tú sabes cuánto ha costado.

Fuego
AmphisHay cambios que elegimos.
Y otros que nos encuentran.
La maternidad, una mudanza, una pérdida o una decisión importante pueden cambiar nuestra vida y también nuestra forma de mirarla.
Amphis nace de la serpiente de dos cabezas y de su capacidad de cambiar de piel para seguir creciendo. Lo vivido permanece en lo que somos ahora, incluso cuando necesitamos comenzar de nuevo.
Las cicatrices conservan la prueba de todo lo que fuimos capaces de superar.

Agua
MatsuyamaHay personas que siguen
viviendo en nosotros.
Matsuyama nace de dos historias: un dibujo de mi hijo, después de una discusión, en el que aparecen dos personas separadas por una línea vertical, pero apoyadas sobre un mismo suelo dentro de un mismo corazón, y un antiguo cuento japonés en el que una niña busca a su madre fallecida en un espejo, sin saber que contempla su propio reflejo.
Matsuyama habla de las diferentes versiones que conviven en nosotros y de los vínculos que nos forman y permanecen cuando las cosas cambian.
Somos el reflejo de quienes dejan algo en nosotros. Por eso, a veces, al mirar a quien queremos, descubrimos una parte de nosotros mismos.
El interior importa. Siempre. Y mucho.
En MÉNEZ, el interior de cada bolso es intencionado. Nada está ahí porque sí. Cada elemento tiene su propio código interior.
¿Qué elemento habla de ti?
Quizá reconozcas uno. Quizá varios, en distintos momentos de tu vida.




