HEREDAR NO SIEMPRE SIGNIFICA REPETIR

No heredé un oficio. Heredé una historia y la necesidad de encontrar mi propia forma de contarla.

Mi familia —mis bisabuelos, mi abuelo y mi padre— lleva más de un siglo dedicándose a la piel.

Mis primeros recuerdos también están hechos de ese mundo: subirme a enormes montañas de sal utilizadas para conservar la piel, jugar al escondite con mi hermano en los almacenes, inventar trajes con retales, conducir la carretilla o acompañar a mi padre en algunos de sus viajes en camión.

Aun así, durante años sentí que todo aquello les pertenecía solo a ellos. No sabía cuál era mi lugar allí, ni siquiera si tendría uno.

Tenía claro que no quería continuar de la misma manera, pero también que no quería que la historia se acabara ahí.

MÉNEZ me permite conservar los valores, los principios y la pasión que han pasado de generación en generación de una forma diferente.

Ellos hicieron de la piel su materia de trabajo.
Yo elegí convertirla en mi lenguaje.
Y ahí encontré mi lugar.

NO TODO LO NUEVO EMPIEZA DE CERO

Un bolso no es una necesidad vital, aunque a veces pueda parecerlo.
Pero no todo lo que necesitamos sirve para mantenernos vivos.

La moda tiene la capacidad de reinterpretar constantemente aquello que ya conocemos y hacer contemporáneo algo que lleva décadas existiendo.

Cambian las proporciones, los volúmenes, las siluetas, los materiales y los códigos. Pero hay algo que, para mí, debería permanecer intacto: que consiga hacernos sentir algo.

En moda hablamos de arquitectura, arte, geometría, naturaleza o movimiento como fuentes de inspiración. Y lo son. Pero una referencia solo empieza a importar de verdad cuando provoca algo en nosotros.

Una fotografía es solo una fotografía hasta que se convierte en la única imagen que conservamos de algo o de alguien.
Una grabación es solo eso hasta que guarda una voz que ha cambiado o que ya no está.
Unas palabras escritas pueden conservar durante años aquello que alguien pensó, sintió o quiso decir.
Un bloque de mármol es solo roca hasta que Miguel Ángel lo convierte en David.
Y un bolso es solo un bolso hasta que empiezas a guardar en él tu vida y no solo el colorete.

No siempre se trata de inventar algo que nunca haya existido.
A veces se trata de mirar de otra manera aquello que siempre estuvo ahí.

Lo de siempre. Como nunca.

HAY COSAS QUE EL TIEMPO NO SABE LLEVARSE.

Un bolso no crea nuestros recuerdos. Pero los atraviesa con nosotros e, inevitablemente, acaban quedándose en él.
Con el tiempo, su valor deja de estar solo en la piel, el diseño o la forma. Empieza a estar también en los lugares, las personas y los momentos a los que nos acompañó.

Ménez busca dar forma a aquello que no la tiene.

Un vínculo.
Una pertenencia.
Una emoción.
Un cambio.
Un recuerdo.

Convertir algo que por naturaleza es invisible en algo que podamos tocar, llevar con nosotros y, con el tiempo, hacer cada vez más nuestro.

Ojalá algún día una pieza MÉNEZ pueda reconocerse no solo por la marca que lleva sobre la piel, sino por todas las marcas que la vida haya dejado en ella.

Ojalá algún día esa pieza cambie de manos.
Que llegue a tu hija, a tu hermana o a alguien a quien quieres. No simplemente como algo que un día fue tuyo, sino como algo que lleva parte de ti dentro.

Si algún día eso ocurre, sentiré que MÉNEZ ha conseguido exactamente aquello para lo que nació.